Me gusta mucho leer. ¿O debería decir me gustaba?
De niña me enganchaba enseguida con cualquier cuento, sobre todo esos de colección como Tres Niñas y un Secreto que después podían convertirse en Tres niñas en Paris o en Tres niñas y cualquier cosa. Me encantaron todos los libros de Julio Verne y ni hablar del Fantasma de Canterville de Oscar Wilde que me fascinaba y me aterrorizaba al mismo tiempo.
Cuando era adolescente recibía una mesada bastante ajustada, pero aún así yo me las ingeniaba para ahorrar dinero y cada cierto tiempo entrar a Las Novedades a rebuscar entre las estanterías los libros que llamaban mi atención y comprarlos. Nada deslumbrante. En mi biblioteca no vas a descubrir tesoros y joyas de la literatura. No hay primeras ediciones ni libros firmados por su autor. De aquella primera experiencia de contacto con los libros quedaron en mis estanterías Herman Hesse, Gibrán Jalil Gibrán y mucha página mística. Además de poesía, claro; Pablo Neruda, Lorca, Miguel Hernández, Machado, León Felipe, Gabriela Mistral y hasta Amado Nervo. Digo "hasta", no por nada, pero es que leer la Amada Inmóvil me parece un acto de masoquismo y cursilería sin precedentes. ¡Pero hay que ver lo que lloré yo la muerte de la mujer de Amado Nervo!
Anibal Nazoa sin embargo, no me hacía llorar como los otros, pero me derretía su ternura. Ya graduada de bachillerato, empecé a sentir pasión por Borges, por Vargas Llosa, el GABO, Plinio Apuleyo Mendoza, Francisco Herrera Luque, Isabel Allende, Rulfo… Por los amados y los odiados por los críticos literarios y por una cierta élite intelectual o pseudointelectual, da igual. Yo siempre leí porque me gustó leer y así sigue siendo.
Descubrí libros que me parecieron joyas y que me hicieron repetir autor como puede ser el caso de El Perfume que me fascinó aunque no así El Contrabajo, y me hice fanática de algunos autores a los que soy absolutamente leal, John Irving por ejemplo o Mario Vargas Llosa. Por supuesto algunos de sus libros me interesan más que otros, pero todos los compro. También viví una época en que se me dio por leer teatro, y otra, ensayos.
Ya se que los libros de cocina, autoayuda, o dietas no tienen nada que ver con la literatura, pero esta categoría, dependiendo de si la etapa de mi vida era de recién casada o de recién divorciada, también atrapó mi interés. (Ni hablar de Harry Potter: tratar de entender qué atraía tanto a los niños terminó enganchándome hasta el fanatismo).

Hubo una época en que por distintas razones me mudé mucho de casa.
Desempolvar viejos libros y guardarlos amorosamente en cajas era una maravillosa terapia para mí. Libros que me hipnotizaron, como El Nombre de la Rosa, la serie de El Cuarteto de Alejandría, Oración por Owen, Palinuro de México, La ciudad y los perros, La insoportable levedad del ser, Narciso y Goldmundo, 1984, La peste, El proceso, Cuentos de Amor, Locura y Muerte, Rayuela y muchos otros, son casi un velado recuerdo en mi cabeza. Me gustaron tanto y hace también tanto tiempo que los leí que no quiero releerlos y sentir que de pronto envejecieron y que ya no causan en mí el impacto, el llanto, el amor, o la depresión que sentí en su momento con su lectura. Pero los conservo como si se tratase de un recuerdo del que no puedo prescindir. Y eso que todos los años, como una especie de ritual, en casa hacemos "limpieza de libros", y los llevamos al
Banco del Libro.
Hace tiempo que abandoné el hábito de leer unas cuantas páginas antes de dormir. Ya no soy una devoradora de libros y lo digo con cierta tristeza porque las historias que nacen en sus páginas, fueron acompañando mi propia historia a lo largo de los años.
Hubo libros y lo digo con absoluta sinceridad, y además con alegría, que fueron mi mejor compañero de vida, en algún momento.
Pero hoy, día 23 de abril, Día del Libro y día también de mi cumpleaños, decidí pasar con firmeza una página más y a la pregunta de "¿qué quieres de regalo de cumpleaños?" respondí con una sonrisa: LIBROS.
Tomado de Wikipedia:
Hoy 23 de abril se celebra El Día Internacional del Libro, una conmemoración a los libros y los derechos de autor (copyright), promulgado por la UNESCO que se celebra cada 23 de abril desde 1996 en varios paises, siendo en 2008 más de un centenar.
La elección del día 23 de abril como día del libro, procede de la coincidencia del fallecimiento de los escritores Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega en la misma fecha en el año 1616, aunque realmente no fuese en el mismo día, debido a que la fecha de Shakespeare corresponde al calendario juliano, que sería el 3 de mayo del calendario gregoriano y que Cervantes falleció el 22, siendo enterrado el 23. También coincide con la fecha de nacimiento de Vladimir Nabokov (1899) y fallecimiento de Josep Pla (1981).
En 2001 a iniciativa de la UNESCO se nombró a Madrid Capital Mundial del Libro. Desde entonces cada 23 de abril, diferentes capitales de paises del mundo han ido acogiendo este honor, realizando durante el año diferentes actividades culturales relacionadas con los libros. En 2008 Amsterdam pasará a ocupar este cargo.